El recuento del 2017

Estuvo bueno el 2017. Los videojuegos tuvieron sus mejores doce meses en mucho tiempo, en música yo me clavé en un género entero, en TV cerró una de las mejores series ever, y en cine dos películas blockbuster desafiaron expectativas y lo hicieron excelente. Y pues ya sabes la mecánica para este texto: cinco videojuegos, cinco álbumes, cinco series y cinco películas. No los mejores, sino mis favoritos. Todos lanzados en 2017. Vamos.

Infografía

2017 es el primer año en el que tengo anotadas literalmente TODAS las películas que vi, lo cual me permite tener algunas estadísticas sobre mis hábitos de consumo.

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Ya que estoy en hábitos personales, este año por fin vi Hamilton en el Richard Rodgers. No tiene nada que ver, pero consideré necesario mencionarlo en el recuento de mi año, sobre todo porque fue parte importante en el del año pasado. Estuvo increíble, es la mejor experiencia del mundo. Chance luego escribo un poco más al respecto. Ahora sí, vamos con el recuento.

Videojuegos

5. Cuphead, de Studio MDHR

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Cuphead tiene muchísima personalidad y unas mecánicas que te permiten consumir cada milímetro de esa hechura. Porque sí, es difícil. Vas a estar repitiendo los mismos niveles una y otra vez, pero lo respeto porque nunca es injusto. El control es preciso y las reglas son claras. Además, no tengo problema con pasar una hora en un nivel de tres minutos tan bien animado y con un soundtrack tan adecuado. Porque hay que ser honestos: su dirección de arte es TAN buena que sin eso el juego simplemente no estaría en esta lista. Es una maldita caricatura interactiva y lo amo por eso. Le sumamos también una trama con el tono oscuro perfecto y una buena dificultad, lo cual mejora las cosas. Cuphead es precioso y se merece todos los halagos que recibe.

4. NBA 2K18, de Visual Concepts

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No quiero empezar a poner juegos de deportes anuales en estos recuentos, pero es que este año es especial. En el 2017 me empezó a gustar la NBA, no me preguntes por qué. El paso lógico obviamente fue adquirir su mejor representante en videojuegos. Al fin pude comprobar por qué es considerada la mejor franquicia de juegos de deportes. Para empezar, tiene muchísimo contenido. Demasiado. Tienes todos los equipos actuales, muchos equipos clásicos y equipos All-Time con todas las estrellas de cada equipo. La presentación y la atención al detalle de todo es impecable. Es el título de deportes que mejor captura su contraparte real, que más te hace sentir que estás viendo un juego de verdad. Además, tenerlo para llevar en Switch es una bendición. También es un gran compañero para aprender sobre el deporte. Pero antes de todo, es divertidísimo.

3. Uncharted: The Lost Legacy, de Naughty Dog

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Nadie hace juegos como Naughty Dog. Nadie. El año pasado Uncharted 4 fue mi juego del año y ahora en 2017 nos entregaron una experiencia chiquita pero también muy especial. The Lost Legacy agrega un par de mecánicas interesantes al molde de Uncharted 4 y un pequeño mundo abierto que explorar. Su final es espectacular en toda la extensión de la palabra y su Photo Mode extendió la duración de mi juego a casi el doble. Pero lo mejor es sin duda cómo capturan a sus personajes. Nadie hace mejor que Naughty Dog una interacción entre dos personas. Me mortifica lo bien escrito que está este juego. Los diálogos son igual de interesantes que la batalla más escandalosa. En serio, nadie tiene un mejor manejo de narrativa audiovisual en este medio que Naughty Dog.

2. Super Mario Odyssey, de Nintendo

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Aunque Super Mario 3D World sigue siendo para mí el mejor de la franquicia, creo que ningún otro juego retrata la dicha de mover a un personaje virtual como Odyssey. Es, sin duda alguna, el título con el mejor control que probé en todo el año. Y creo que, al final, eso hace grande a un juego de plataformas: la satisfacción del movimiento, lo palpable que es cada giro y cada salto. ¿El compañero perfecto para eso? Niveles donde puedas explotar esa habilidad, donde puedas jugar, explorar y divertirte con solo estar ahí. Niveles donde la música te transporte. Niveles en donde en cada rincón te espere algo nuevo. Super Mario Odyssey es al mismo tiempo un ejercicio de perfeccionamiento y de experimentación dentro de la fórmula de Mario.

1. The Legend of Zelda: Breath of the Wild, de Nintendo

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En algún momento del año escribí en WordPress el título “Breath of the Wild es el mejor juego que he jugado en mi vida”. Y quién sabe, tal vez, en unos años, voltearemos al 2017 y recordaremos a este Zelda como el mejor juego de todos los tiempos. Es un título precioso, lleno de momentos mágicos, de una libertad incomparable, mecánicas que llevan madurando 30 años dentro y fuera de la serie, un mundo riquísimo lleno de historias y lugares hermosos en cada rincón, y una historia que se siente como una evolución natural pero sin perder la simpleza que suele caracterizarla en otros juegos de la franquicia. Cuando Breath of the Wild lo logra, ese título que escribí alguna vez cobra todo el sentido del mundo. No es perfecto, pero sus defectos solo resaltan esos momentos extraordinarios no solo dignos de los mejores juegos de Zelda, sino también de lo mejor que el medio te puede ofrecer.

Menciones honoríficas: Mario Kart 8 Deluxe, ARMS.
Títulos que no he jugado pero probablemente entrarían: Nier: Automata, Horizon Zero Dawn, Hellblade: Senua’s Sacrifice, Mario + Rabbids Kingdom Battle, Splatoon 2, Sonic Mania.
Títulos que hubieran entrado si EA no fuera la peor compañía del mundo: Star Wars Battlefront II.
Lo que más he jugado este añoNBA 2K18.

Música

5. This Old Dog, de Mac DeMarco

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Me gusta mucho Mac DeMarco. Lo que más me gusta, y específicamente de este nuevo álbum, es que no tiene una pizca de pretensión. Las letras son sencillas, van al punto y rara vez tratan de ser poéticas, pero hay algo en lo cotidiano de su lenguaje que lo hace igual de bello. Se siente mucho más cercano e íntimo. La instrumentación sigue siendo relajada y llena de capas, pero también hay experimentación y un pulimento de sus elementos. Y el contenido del disco es igual de directo: explorar una ausencia paternal y varios fracasos amorosos. Lo que parece no estar conectado de pronto lo está y funciona. Además, este disco lo escuché en el momento exacto en el que lo debí escuchar, su lanzamiento tuvo un significado importante para mí. Valoré sus contradicciones y contrastes, y la experiencia catártica que fue “One Another”.

4. No Shape, de Perfume Genius

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La primera canción de No Shape, “Otherside”, ejemplifica perfecto la experiencia: es callado y reflexivo, pero de un momento explota en un destello brillante y estremecedor. Este álbum tiene mi producción favorita. Estoy embobado con todo lo que intenta. Es, como en esa primera canción, callada o deslumbrante dependiendo el momento; arriesgada e impredecible. A veces el sonido es enorme (como en “Otherside”), a veces asfixiante (como en “Choir”). Y se escucha fenomenal, con claridad pero sin perder cierta crudeza. Es seda y piel hecha música. Aunque tiene algunos momentos mejores que otros, ningún otro disco suena mejor este año. Además, se siente demasiado personal, con la sentimental interpretación de Mike y el reflejo de sus fortalezas e inseguridades.

3. Flower Boy, de Tyler, the Creator

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Flower Boy es el álbum más instantáneamente memorable del año. Sus hooks están tan bien hechos que se te quedan grabados desde la primera pasada. Tal vez tiene que ver el hecho de que es muy variado: es inteligente, luego romántico, después contundente, más tarde deprimente y reflexivo; cada canción tiene un humor muy marcado, unido por una producción precisa y un pequeño retrato de Tyler. También tiene los mejores usos de artistas invitados, cada uno bien seleccionado y aportando algo único a cada canción (vaya, hasta Jaden Smith queda como anillo al dedo). En general es un disco bien dirigido, con una cabeza tomando decisiones correctas por todos lados. Podría cerrar un poco mejor, pero aun así el producto final es increíblemente satisfactorio.

2. 4eva is a Mighty Long Time, de Big K.R.I.T.

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Este álbum tiene, sin lugar a dudas, la mejor progresión que escuché este año. Su alcance y ambición es enorme, empezando por el hecho de que son prácticamente dos álbumes en un solo paquete, cada uno con su tono muy marcado pero al mismo tiempo complementándose el uno al otro. 4eva is a Mighty Long Time es una viaje de hora y media con un ritmo increíble, una producción contundente y mucha destreza lírica. Sus primeras canciones son bangers en toda la expresión de la palabra, con tonadas y letras explosivas; y el álbum se va volviendo más reflexivo con cada canción que pasa, utilizando cada vez más beats con influencia de jazz. El primer disco es Big K.R.I.T., el rapero; el segundo es Justin Scott., la persona; y el nombre de las primeras canciones refleja justo eso. Enorme, épico y personal.

1. DAMN., de Kendrick Lamar

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Hay que reconocer el elefante en la habitación: To Pimp a Butterfly es un álbum de 10/10, un clásico instantáneo al cual no le falta ni le sobra nada. DAMN. tenía un acto difícil que seguir, por lo que opta por un acercamiento diferente: menos conceptual y más variado temáticamente, pero con la misma autoreflexión y elocuencia que caracteriza a Kendrick. Creo que “HUMBLE.” es el ejemplo perfecto de por qué se ha ganado el título de “best rapper alive”: un banger con un beat potente y divertido, con una letra aparentemente egocéntrica; que detrás juega con el éxito de TPAB y donde Kendrick cuestiona su propia humildad y modestia. Eso es DAMN., un platillo que aunque el aderezo sea más accesible a muchos paladares, no inunda el sabor y la riqueza del ingrediente principal. En DAMN., los cuestionamientos y las habilidades del mejor letrista vivo brillan en un álbum ligero y potente. Es un disco producto de un artista en su mejor momento.

Menciones honoríficas: Saturation I, II y III de Brockhampton, Ctrl de SZA, After Laughter de Paramore, Mr Finish Line de Vulfpeck, Los Ángeles de Rosalía, A Crow Looked at Me de Mount Eerie.
Álbumes que más he escuchado este año: Todos los de Kendrick Lamar, The College Dropout y Late Registration de Kanye West, 4eva is a Mighty Long Time de Big K.R.I.T.
Artistas que más he escuchado este año: Kendrick Lamar, Kanye West, Mac DeMarco, Fleetwood Mac, Vulfpeck.

Series

5. Stranger Things, de Matt Duffer y Ross Duffer

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Stranger Things sabe. Stranger Things y yo estamos en el mismo canal. Stranger Things se da cuenta que —digámoslo juntos, amigos:— lo que importa son los personajes. Sí, la historia es buena. Sí, está bien hecha. Sí, los tributos a los 80s están padres. Sí, toma la acertada decisión de hacer lo mismo que Aliens en términos de su amenaza. Pero los personajes, ahí está lo que hace grande a Stranger Things y lo que hace a esta temporada mejor que la anterior. Desde el principio la serie ya lo sabía, cabe aclarar, pero en esta se da cuenta del provecho que le puede sacar a tener personajes tan carismáticos, bien actuados e inmediatamente entrañables e icónicos. Algunos toman la batuta del desarrollo y de los arcos más interesantes mientras otros permanecen más quietos (que es lo correcto con tantos personajes), se exploran relaciones muy interesantes y se introducen nuevas personalidades igual de bien trabajadas. Stranger Things mejoró. Bravo.

Momento favorito: Empate entre la escena de Steve y Dusty, y el Snowball Dance. Ambos momentos súper bien hechos para desarrollar relaciones entre personajes tan padres. Ejemplos perfectos de lo que hablo.

4. Game of Thrones, de David Benioff y D.B. Weiss

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Game of Thrones bajó su nivel con respecto a su temporada anterior (la mejor de todas, en mi opinión) y aun así sigue siendo de las mejores del año. Es la serie más divertida de esta lista en el sentido de que especular y hablar sobre ella es muy estimulante. En la época de Netflix donde salen las temporadas completas, Game of Thrones sigue siendo todo un evento semanal. Siempre es tema de conversación y siempre te sorprende, ya sea porque genuinamente hicieron algo diferente o porque tu teoría se confirmó. Las batallas siguen siendo tan buenas que hay veces que me doy cuenta que llevo minutos sin parpadear, y el desarrollo de la trama y los personajes sigue siendo de lo mejor que hay. Tiene sus altas y bajas, pero en general es épica, sorpresiva y portentosa.

Momento favorito: Hay partes de esta batalla que traen tanta inversión emocional detrás que yo no podía con mi alma cuando lo estaba viendo en vivo. Es que Game of Thrones es un fenómeno, en serio.

3. Better Call Saul, de Vince Gilligan y Peter Gould

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No sé cómo Better Call Saul sigue mejorando año con año. Gilligan y Gould tienen clarísimo todo. Saben exactamente cómo manejar sus cartas para mantener interesante una trama en la que conoces el destino del personaje principal. Se meten de lleno a explorar cada rincón de su moralidad y personalidad, y explotan todas sus relaciones. Lo que más adoro: experimentan una y otra vez. Better Call Saul es un parque con juegos infantiles donde sus creadores hacen lo que quieren; corren de un lado a otro, se suben a todos lados, no dejan nada sin explorar. Un corte inesperado por aquí, un encuadre poco común por acá, una selección musical extraña pero perfecta por allá; no dejan de probar cosas nuevas y todas les salen increíble. Qué confianza la de esta serie.

Momento favorito: Empate entre su escalofriante final y esta joya. El primero es pura narrativa audiovisual, el segundo es pura actuación. Ambos son ejemplos de libro de texto de la potencia que puede tener un simple dolly.

2. Master of None, de Aziz Ansari y Alan Yang

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Su primera temporada fue de mis favoritas del 2015 y la segunda es mejor en todos y cada uno de sus elementos. Técnica, humor, desarrollo de personajes, narrativa; Master of None es un verdadero estuche de monerías que te sorprende con una habilidad nueva en cada episodio. Además de todo, es un gran ejemplo de cómo entrelazar un modelo serial y uno episódico, con una trama que encierre toda la temporada pero con suficiente espacio para experimentar con historias de un episodio.

Pero Master of None no solo es graciosa, sino también tiene el mejor romance que he visto en televisión. Para empezar, como la serie trata varios aspectos de la vida de Dev, el impacto de este romance puede reflejarse no solo con acciones y diálogo sino también aumentando el tiempo que se le dedica. El romance con Francesca surge por sorpresa y poco a poco comienza a adueñarse de la vida de Dev y del metraje de la serie. Y su ejecución es total y absolutamente perfecta. Cada momento de su desarrollo es encantador, cada encuadre parece magia y está saturado de romanticismo, cada selección musical encaja como un guante, cada escena te desgarra o te da un caluroso abrazo de una forma que no esperabas. Esta serie es una clase de cómo generar empatía con una relación. Es un romance perfecto. Un romance de 10. Un romance de primer lugar.

Momento favorito: La escena del Uber de “The Dinner Party”. Es mi escena favorita del año. Un momento muy sencillo que comunica muchísimo y conecta como un gancho al hígado.

1. The Leftovers, de Damon Lindelof y Tom Perrotta

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El trabajo actoral es brutal, sobre todo el de Carrie Coon. Me parece una decisión muy valiente y acertada la de aventurarse cada vez más hacia el realismo mágico, provocando cuadros impactantes y momentos simbólicos ganados a pulso. The Leftovers logra volverse loca sin perder el piso de los arcos de sus personajes. Es todo lo que Lost nunca pudo ser en términos de caos e imaginación. Es, inexplicablemente, magia y crudeza al mismo tiempo. Toda esa maestría en ejecución se usa para comunicar un trabajo de personajes simplemente perfecto. Tiene temas muy complejos; la pérdida, la búsqueda de un sentido, la conexión humana; pero sabe aterrizarlos a personajes fracturados, llenos de inseguridades y malas decisiones, con los que empatizas a un nivel primario: son seres humanos tratando de encontrar un propósito en un mundo igual de roto que ellos.

Nunca en mi vida había visto algo como The Leftovers. Con esas agallas para tratar temas complejos, con personajes complejos, de la forma más compleja posible; y hacerlo ver más fácil que todos los demás. Tiene un dominio sobre su discurso que simplemente no vi en ninguna otra serie este año. Te drena emocionalmente, te hace sonreír, te hace llorar, te hace llevarte las manos a la cabeza y pensar “¡qué genios!”. El final de The Leftovers es lo mejor que vi en televisión este año y la cementa como una de las mejores series de todos los tiempos.

Momento favorito: La última escena. Tan bien actuada, tan pura, tan íntima, tan fiel a todo lo que la serie es.

Menciones honoríficasLove.
Series/temporadas que no he visto pero que probablemente entraríanRick and Morty, Glow, The Punisher, Easy, The Crown, Ozark.

Películas

Al igual que en 2016, no daré por terminado el año en cuestión de películas hasta después de los Óscares. Por lo pronto, ahora sí incluí comentario de mis selecciones preliminares. Después de la premiación actualizaré el texto con un máximo de cinco películas adicionales que pueden entrar entre las que están aquí puestas.

5. Baby Driver, de Edgar Wright

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Baby Driver es la película más cool del año. Una cinta de acción con un genial soundtrack y la mejor edición del año, dirigida por la persona perfecta para el trabajo. Tiene la apariencia de ser una heist movie clásica pero al mismo tiempo una personalidad muy definida. Su mensaje realista de aceptar responsabilidad contrasta muy bien con sus casi irreales escenas de acción. Tiene un romance demasiado acelerado, pero aun así el clímax funciona muy bien, sí logra involucrarte lo suficiente. Es divertidísima en todos los sentidos y aun así no se olvida de tener un buen arco para su personaje principal. Un musical de persecuciones con humor y dirección de Edgar Wright, qué más quieres.

4. Star Wars: The Last Jedi, de Rian Johnson

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The Last Jedi se ganó mi respeto. Después de The Force Awakens (que me encanta, ojo), el paso más sencillo era seguir de complaciente, repetir beats de películas anteriores y ceder ante la cultura del sobreanálisis de los fans; por eso me sorprendió el giro de dirección tan fuerte que dio esta película. El paso fácil me hubiera gustado mucho, pero me dieron algo mejor que no sabía que quería: abandonar la nostalgia, centrarse en los nuevos personajes y utilizar su posición en el canon actual de la saga como temas centrales de la cinta. Acertadísimo dar el paso más grande hacia el futuro de Star Wars con una película basada en metanarrativa, tomando como referencia el molde recordado por su antecesora. No sé si es la mejor desde The Empire Strikes Back, pero sin duda es la más importante. Estoy muy emocionado por el futuro de Star Wars como la saga con la batuta de valiente, arriesgada, incluyente y técnicamente impecable dentro del espectro actual del blockbuster.

3. The Big Sick, de Michael Showalter

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The Big Sick es mi Get Out, es decir, mi película de género que tiene un componente racial importante y eso la eleva a otro nivel. En este caso, Kumail Nanjiani y Emily V. Gordon escribieron una fantástica comedia romántica —tal vez la mejor de los últimos 10 años por ser realmente graciosa y especialmente romántica— y no huyeron del tema racial que inunda la historia real de ambos en la que está basada. Está plagada de excelentes actuaciones y se siente cercana de una forma que solo alguien contando su propia historia podría lograr. Kumail trata la historia con tacto y al mismo tiempo con humor, lo cual es muy difícil. Está muy bien dirigida, también. The Big Sick me hizo reír mucho y me hizo sentir la historia de amor de Kumail en carne propia.

2. Logan, de James Mangold

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¿Hay alguien que siga hablando de fatiga de superhéroes y esté viendo lo que se está haciendo ahora? El género se ha perfeccionado y sus personajes han experimentado en historias de otro tipo. Eso último es Logan, un western basado en la caracterización y la relación entre padre e hija. Esa ejecución fuera de los tropos del cine de superhéroes le permite acercarse a los personajes desde otro ángulo y desarrollarlos de formas más arriesgadas. Su concepción es de las mejores planteadas del año, sus temas de violencia y pasado están muy bien construidos, y el guion le permite brillar muchísimo a Jackman, Stewart y Keen. Lo mejor es que aunque abandona las tendencias del género de superhéroes, no desprecia sus raíces y nos regala homenajes preciosos como la última toma. Es una gran despedida para Hugh Jackman y para las películas de X-Men (aunque en realidad no sea la segunda y quién sabe si al final sea la primera).

1. Blade Runner 2049, de Denis Villeneuve

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No necesité pensarlo ni medio segundo.

Trato de que los primeros lugares sean productos de entretenimiento que van más allá, al grado de tocarme una fibra sensible, y ninguna otra forma artística hizo eso más este año que Blade Runner 2049. A esta película la admiro en absolutamente cada forma en la que la puedo admirar. Técnicamente me parece perfecta, con una cinematografía hermosa y un sonido brutal. Edición, diseño de producción, música, actuaciones; todo es fenomenal. Que hayan logrado regresarnos a la atmósfera de la película de 1982 me vuela la cabeza.

Pero lo que más me gusta de Blade Runner 2049 es que más allá del espectáculo y los millones de dólares invertidos tiene un núcleo lleno de corazón. Su mensaje conecta conmigo muchísimo y su trabajo de personajes genuinamente me conmueve. El trabajo de Villeneuve me parece muy sincero, algo que pocas veces vemos en un blockbuster como este. Como lo dije en algún ranking, Blade Runner 2049 es MI Blade Runner. Es esa obra que estuvo rondando mi cabeza todo el año y que logró generar una memoria muy romántica de ella. Es esa obra que me dan ganas de ver una y otra vez solo para sumergirme otra vez en su mundo y escuchar otra vez su mensaje.

Menciones honoríficas: War for the Planet of the Apes, Coco, A Ghost Story, Get Out, mother!, Wonder Woman, Guardians of the Galaxy: Vol. 2, Spider-Man: Homecoming, Gerald’s Game, John Wick 2Thor Ragnarok, la técnica de Dunkirk.

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