El Ranking Romántico – Junio 2017

Quiero escribir de Master of None, porque pienso que es de las mejores narrativas de amor de los últimos años. El problema es que no me siento capaz todavía, así que para prepararme decidí ver una cantidad no sana de películas románticas. El Ranking Romántico® resultó ser el más largo de todos los que he hecho: 20 películas (holy shit) en las que me clavo con ganas (dentro de lo que el formato permite, claro). Advierto: este no es un ranking para los efímeros o para los escépticos. Y sí, en pleno junio. No en febrero, que es cuando tendría más sentido. That’s just how I roll.

Como toda película romántica merece un buen tema musical, decidí agregarlos para tu deleite. En algunos casos es el tema de la banda sonora original, en otros es una canción de licencia que representa a la película. Así que si decides quedarte a leer mi locura, solo dale play abajo del título de cada cinta, ponte cómodo y disfruta.

20. To Rome with Love, Woody Allen (2012)

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“If something is too good to be true, you can bet it’s not.”

Mira, Woody Allen hizo Annie Hall y Midnight in Paris, creo que ya se ganó el derecho de hacer peliculillas pasables que olvidas a los 10 minutos de ver. No digo que To Rome With Love no tenga cosas buenas: la historia de Jack (Eisenberg) y Monica (Page), y la de Jerry (Allen) están bien trabajadas, aunque sufren de compartir la película con otras no tan buenas. La atmósfera italiana también le da un encanto inherente. Pero la subtrama de Benigni, por ejemplo, se vuelve un chiste viejísimo a los cinco minutos y su mensaje está deletreado para que hasta el menso de la sala lo capte. Mi amor eterno, Alessandra Mastronardi, está muy desaprovechada y su subtrama se siente algo reiterativa teniendo la de Jack y Monica, que también comenta sobre el adulterio. Te la pasas bien, pero se siente intrascendente, con un hilo conductor delgadísimo e historias subdesarrolladas.

19. Ruby Sparks, de Jonathan Dayton y Valerie Faris (2012)

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“She came to me wholly herself, I was
just lucky enough to be there to catch her.”

Cuando era joven e inocente la consideraba mi película romántica favorita, pero ahora se me cayó del pedestal. La versión corta del problema que encontré: Calvin es un personaje horrible en cuestión moral que no se merece el final feliz, sobre todo considerando lo que la cinta ha establecido. ¿Satisfecho? Salta a la siguiente película. ¿Quieres leer mi rant completo? Me voy a clavar, ¿eh? La explicación a detalle es la siguiente:

La película se convierte en una tragedia sin darse cuenta. La secuencia de una tragedia tradicional es así: El héroe tiene potencial pero una gran falla (Calvin tiene muchas, de hecho), entra en conflicto, está obsesionado con ganar y termina realizando actos inmorales para lograrlo, el conflicto resalta la falla del héroe y provoca que empeore, el héroe se da cuenta muy tarde y no puede evitar la destrucción (Truby, J. The Anatomy of Story. pp. 127). Ruby Sparks lo sigue al pie de la letra. El problema es que no se da cuenta que lo está haciendo, así que termina dándote un final feliz esperando que todavía empatices con el héroe, un héroe que viste llegar a su punto más bajo y cuya revelación moral no fue lo suficientemente significativa o a tiempo. ¿El resultado de este problema de estructura? El final me dejó incómodo y hasta me pareció un poco perturbador.

18. Sleepless in Seattle, de Nora Ephron (1993)

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“I knew it the very first time I touched her.
It was like coming home… only to no home
I’d ever known… (…) It was like… magic.”

Creo que la idea detrás funciona mejor como pitch que como película. Aunque es innegable que la última escena es encantadora, durante toda la cinta no dejó de incomodarme que el romance solo se desarrollara por un lado. El problema es que si quieres que el final sea ellos conociéndose por primera vez, realmente no puedes hacer mucho para remediarlo. Es un final complicado de lograr, porque si vas a terminar con lo que las películas románticas suelen empezar, ¿cómo vas a tener una historia de amor que te lleve a ese final? El resultado es una película que hace mil trucos para llegar como sea posible a esa última escena. Lo logra en general, pero es inevitable que se sienta enredada y algo corta de ideas.

17. Cars 3, de Brian Fee (2017)

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“I decide when I’m done.”

Tiene algo de tiempo que no veo las otras dos, pero creo que a Cars la hacen pasar un mal rato porque fue la primera película de Pixar que no trajo ideas originales a la mesa, aunque en realidad es una cinta más que competente (la 1, la 2 sí es basura). Cars 3 se aleja de las estupideces de la 2, vuelve a las raíces y hace justo lo que se esperaría. ¿Ya es original? Por supuesto que no, le copia muchísimo a Rocky III, Rocky IV y Creed. ¿Por lo menos lo hace bien? Por supuesto que sí. Tiene sus baches (pun intended) en el segundo acto, donde divaga un poco, pero empieza y cierra muy bien, a la altura de la primera. Muy copiona, poco original y con un interés descarado de vender juguetes (tres diseños para McQueen y tres para Cruz Ramirez, en serio), pero tiene una estructura simple y bien llevada, buenos valores audiovisuales (tanto de animación como de narrativa) y un mensaje claro. Si no fuera de Pixar, sería mucho más apreciada. Pero bueno, basta de carros que hablan, volvamos al amor.

16. L’Avventura, de Michelangelo Antonioni (1960)

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“—Tell me you love me.
—I love you.
—Tell me you don’t love me.
—I don’t love you.”

A esta película no le puse tema musical porque no es una película romántica. Mi error fue creer que sí lo era. A ver, tengo que ser honesto: después de verla fui a leer la reseña de Roger Ebert, donde señala muchas cosas que ni me pasaron por la cabeza. Menciona que la película fue criticada porque no pasa nada en ella, cosa que yo no noté porque estaba concentrado en el desarrollo del romance. Menciona que la película es sobre personajes vacíos en busca de descargar su ansiedad por medio de sexo, mientras que yo la vi como una cinta que comenta sobre la lealtad (y de forma muy efectiva, de hecho). Él le dio calificación perfecta; a mí me pareció una obra maestra en cuestión visual y consistencia temática, pero algo lenta, con un ritmo descuidado y desarrollo de personajes deficiente.

Ojo, siempre mantengo mis opiniones sin importar lo que otros críticos piensen, pero en este caso sí siento que L’Avventura me rebasó por la izquierda y yo ni me di cuenta. Por eso mismo fui a buscar la palabra del maestro Ebert, porque sé que hay cosas que me perdí. Así que esto es lo que voy a hacer: mantengo todo lo que dije, respaldo mi opinión de la cinta, pero la voy a volver a ver en algunos años, para ver qué cambio noto con un poco más de experiencia. Algo me dice que no es la película la que tiene carencias, sino yo.

15. Love Story, de Arthur Hiller (1970)

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“Love means never having to say you’re sorry.”

No entiendo por qué la película te dice cómo va a acabar desde el principio. Porque a ver, de que es buena es buena: está bien dirigida y escrita, Ali MacGraw es fantástica, Ryan O’Neal lo hace muy bien aunque le falte un poco de punch en las escenas tristes, el tema musical te lo repiten 30 veces pero es tan bueno que lo entiendo (digo, si yo pudiera componer tal belleza, quisiera que la gente la escuchara cuantas veces sea posible). Es buena, pero le falta sorpresa. Te dicen qué va a pasar, desarrollan muy adecuadamente un romance, pasa lo que te dijeron al principio que iba a pasar y la película acaba. Es todo. Lo que ves es lo que obtienes, ni más ni menos.

14. Say Anything…, de Cameron Crowe (1989)

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“The world is full of guys. Be a man. Don’t be a guy.”

Juro que le atiné nomás de verla a que era de finales de los ochenta. SÚPER enmarcada en su época, ochenterísima a más no poder pero con un coqueteo a tendencias noventeras. También es muy gracioso que todo mundo sea un amor de persona, empezando por el chico malo protagonista que resulta ser un osito de peluche. Vaya, hasta el papá malo es humano y tiene sus cualidades. Me burlo, pero en realidad es algo muy bueno de la cinta: no cae en clichés de personajes. Además a los protagonistas los establecen muy bien antes de que se junten, lo cual hace todo más fácil, ya que cuando comienza su relación ya estamos involucrados. Me gusta esta película. Me gusta su espíritu optimista y sus ganas de mostrar a gente haciendo bien las cosas.

13. Love Actually, de Richard Curtis (2003)

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“—You’ve seen the films, kiddo. It ain’t over ’til its over.
—Okay, Dad. Let’s do it. Let’s go get
the shit kicked out of us by love.”

La única razón por la que esta película funciona es que tiene muchísimo encanto. Porque, honestamente, le sobran un par de subtramas y el hecho de que maneje tantas a veces provoca cambios un poco bruscos en el tono de la cinta. Las historias están reducidas a su estructura más sencilla, son los puros huesos, lo cual es la decisión correcta para este tipo de película, pero al mismo tiempo sacrifica invariablemente el desarrollo adecuado de cada una. Pero la verdad es que su encanto deslumbra todo lo demás. Logra tener toda dinámica amorosa posible ahí metida, ser muy graciosa en más de una ocasión y por si fuera poco es una gran película navideña. No debería ser buena, no debería lograrlo, pero lo hace.

12. About Time, de Richard Curtis (2013)

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“We’re all traveling through time together, every
day of our lives. All we can do is do our best
to relish this remarkable ride.”

Hay muchas cosas que me encantan de esta película, sobre todo de la primera mitad. La temática de viajes en el tiempo siempre me ha fascinado, incluyendo su combinación con el romance (spoiler alert: Somewhere in Time está más arriba en esta lista). Y cuando ese es el enfoque de About Time, la historia de Tim y Mary enmarcada en los viajes en el tiempo, soy todo suyo. El problema es que ese no es el caso. De hecho, About Time cambia de conflicto varias veces, lo que resulta en un sentimiento de poca cohesión. Y no es que estos otros conflictos sean malos, de hecho el último es muy bueno y logra tener un buen golpe emocional, pero tienen ya muy poco que ver con la historia de nuestros protagonistas. Necesita enfocarse, concentrarse en una sola cosa y minimizar los otros conflictos; volverlos subtramas, no volcarse hacia ellos. Si hiciera eso, estaría en los primeros lugares sin problema, porque su base es fantástica. (O, y a partir de la segunda mitad llega a contradecir medio feo sus propias reglas de los viajes en el tiempo, just saying.)

11. An Affair to Remember, de Leo McCarey (1957)

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“There must be something between us,
even if it’s only an ocean.”

Aunque Sleepless in Seattle te la arruine si no la has visto,  An Affair to Remember sigue siendo una muy buena experiencia. En su segunda mitad pierde mucho el momentum que agarró en la primera, pero se recupera con un final excepcional. Además sigue demostrando mucho ingenio a la hora de presentar algunos momentos, lo cual es sorprendente considerando de qué año es. De hecho, su época la vuelve muy encantadora. Esa escena del primer beso, por ejemplo, sigue siendo muy potente por su sutileza.

 10. The Notebook, de Nick Cassavetes (2004)

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“I want all of you, forever, everyday.
You and me… everyday.”

Considerada por muchos LA película romántica. Mira, aunque no concuerdo, sí puedo ver las razones. Hace correctamente lo que Love Story no: mantener interesante una historia aun cuando ya sabes el desenlace. Comete el error de creer que no nos vamos a dar cuenta que los viejitos son Noah y Allie, pero afortunadamente no abusa de esa carta, la usa como a la mitad de la cinta y sigue con lo suyo. Lo demás es más que óptimo. Gosling y McAdams se echan la película a los hombros, la caracterización es muy buena, el romance se desarrolla como debe ser, el diseño de producción está a la altura (me fascina que sea una cinta de época), y la dirección y cinematografía es más que respetable. De nuevo, no es LA película, pero sí un gran exponente del género. Bien hecha, efectiva y con corazón.

9. Wonder Woman, de Patty Jenkins (2017)

“It’s about what you believe. And I believe in love.
Only love will truly save the world.”

Perdón por otra vez interrumpir esta lista llena de amor, pero hay que hablar de esta película de superhéroes… llena… de… ¿amor? Wow, ¿seguros que Batman v Superman y esta joya son parte del mismo universo? Porque Wonder Woman está en otro plano existencial a comparación. No está exenta de problemas: A la batalla final se le pasa un poco la mano con el CGI y los villanos son meh, lo cual suele pasar cuando una cinta del género se concentra tanto en desarrollar al héroe (si no pregúntenle a Marvel). Pero es todo.

Nos queda una película con un optimismo maravilloso (quiero esto para el Superman de Cavill, por favor), un romance muy bien desarrollado (mira, hasta a eso le fue a atinar para esta lista), una protagonista con un encanto que le queda como anillo al dedo al personaje y una directora con visión. No se pasa de carga política, no cae en el bache de depresión del DCEU; es simplemente good old-fashioned superhero fun. Veo esa escena de las trincheras y me dan ganas de poner el tema de Superman de John Williams, veo ese final en el atardecer y escucho el tema de Spider-Man de Danny Elfman de fondo. No le da pena ser esperanzadora y positiva, lo cual me parece BIEN, con mayúsculas y énfasis en el “BIEN”.

8. Jules and Jim, de François Truffaut (1962)

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“You said, ‘I love you,’ I said, ‘Wait.’ 
I was going to say, ‘Take me,’ you said, ‘Go away.'”

La realización muestra mucho entusiasmo por parte de Truffaut. Ritmo acelerado cuando debe tenerlo, un narrador pragmático que ahorra tiempo de desarrollo, y momentos donde el ímpetu se detiene y se deja respirar muy bien a la trama. También es genial que profundice mucho más de lo que creerías en un inicio. Realmente es un estudio de los triángulos amorosos, con motivaciones expuestas y personalidades exploradas. MUY difícil de predecir una vez que te das cuenta que no se está conformando con ser el estereotipo de este tipo de historias.

7. When Harry Met Sally…, de Rob Reiner (1989)

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“I came here tonight because when you realize you want
to spend the rest of your life with somebody,
you want
the rest of your life to start as soon as possible.”

Qué bien que esta película sepa qué quiere contarte y exactamente cómo hacerlo. Plantea desde el principio su estilo: los saltos en el tiempo, los contrastes por medio de las historias contadas entre cada salto o incluso por medio de los mismos encuadres, el uso constante de “It Had To Be You” (muy digna de su comparación con “As Time Goes By” de Casablanca) y el diálogo enérgico que parece sacado directamente de una película de Woody Allen. Todas sus cartas son establecidas y tienen su respectivo y satisfactorio payoff. No duda de su estilo. No se saca cosas de la manga. Todo en orden.

6. Somewhere in Time, de Jeannot Szwarc (1980)

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“Come back to me.”

Le tengo mucho cariño a esta película porque creo que fue la primera historia de amor que realmente me impactó. La vi con mi papá cuando era niño y no la he olvidado desde entonces. Después de todos estos años, su tema musical sigue siendo mi favorito sobre el de cualquier otra película romántica (dale play, por favor). La banda sonora de John Barry es una verdadera obra de arte que eleva muchísimo a la cinta. La película tiene principalmente un problema: le hace falta desarrollo al romance. Suena mucho más grave de lo que realmente es, ya que el desarrollo que hay funciona bien, sobre todo gracias al carisma y química de Reeve y Seymour, y, de nuevo, al soundtrack de Barry. Pero sí es desafortunado que la película te pida dar un salto con ella y aceptar un romance que avanza con algo de prisa. Aunque si das ese salto, la experiencia es excelente; profundamente triste, pero excelente. Solo me queda imaginar qué tanto más desgarradora sería si tuviera unos 45 minutos más de desarrollo.

5. Titanic, de James Cameron (1997)

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“I’ll never let go, Jack. I’ll never let go. I promise.”

A ver, es cierto, no es la película más profunda de la historia. Los personajes secundarios podrían ser más redondos, está calculada al milímetro para gustarle a la mayor cantidad de públicos, podría tratar más temas además del de la clases sociales, bla bla bla. Pero hay que ser honestos: como moviebob ya ha explicado con maestría, el odio hacia Titanic viene de ganas de antagonizar el éxito bestial de la cinta, de no entender lo que está tratando de hacer o incluso de sexismo por pensar que algo que apeló a millones de chicas adolescentes en el 97 no vale la pena solo por esa razón. Titanic sabe que debe ser un melodrama, sabe cómo desarrollar su romance, sabe aprovechar una cantidad estúpida de recursos para crear escenas que siguen siendo impactantes 20 años después; Titanic sabe qué hacer y su ejecución es buenísima. Es un espectáculo como pocos en el séptimo arte y hasta la fecha sigue haciendo que se te caiga la quijada. ¿Podría ser una obra maestra en todo? Sí. ¿Podría ser perfecta? Sí. ¿Podríamos callarnos por un momento y apreciar la película por lo que es? También.

4. (500) Days of Summer, de Marc Webb (2009)

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“This is a story of boy meets girl, but you should
know upfront, this is not a love story.”

La magia de (500) Days of Summer es que su estructura es idéntica al arco de Summer. A ver, me explico. La película nos dice fuerte y claro lo que busca (ve el quote de arriba), al igual que la chica. Nosotros ignoramos esa advertencia y tratamos de encajar nuestras expectativas —obtenidas gracias a otras comedias románticas— dentro de la narrativa de la cinta, justo como Tom lo hace con su relación. Nos fijamos en las señales que nos dan la razón, como la primera escena o el montaje romántico con “Sweet Disposition” de fondo, e ignoramos las que no nos la dan; justo como Tom lo hace con su relación. Aunque nos dijeron que no era una historia de amor, seguimos pensando que en algún momento lo sería; justo como Tom lo hace con su rela-¿entiendes el punto? La cinta nos hace vivir en carne propia la frustración del protagonista de querer que algo sea lo que no es, de que sus expectativas no encajen con la realidad; él lo hace con Summer, nosotros lo hacemos con… (500) Days of Summer. ¿Qué otra película hace que empatices con el protagonista dándote a ti como espectador el mismo arco que a él? En serio, es una genialidad.

3. Before Sunrise, de Richard Linklater (1995)

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“If there’s any kind of magic in this world it
must be in the attempt of understanding
someone, sharing something.”

Before Sunrise se basa en desarrollar una relación desde cero por medio de conversaciones (el santo grial de esta trilogía), miradas, y besos frente atardeceres y lugares preciosos. El conflicto es tan sutil que lo puedes reducir a “en algún momento, esta película tendrá que terminar”. Tiene un ritmo que no solo permite, sino casi obliga a que nos creamos el romance y que el final surta efecto. Se hace a fuego lento, sin prisa. Me cuesta mucho decidirme por el orden de cuál me gusta más y cuál menos de la tres, pero al final les doy más mérito a las secuelas porque tratan temas un poco más complejos y lo hacen igual de bien. Pero esta también me fascina. Se siente casi inocente e ingenua en comparación con las otras, lo cual permite un ambiente súper romántico. Es un choque fenomenal entre el deseo de ser idealista y la necesidad de enfrentarse a la realidad. Me declaro culpable: su actitud me parece encantadora.

2. Before Midnight, de Richard Linklater (2013)

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“If you want love, then this is it. This is real life.
It’s not perfect but it’s real.”

La tercera es probablemente la más dolorosa y la que más cambia la fórmula. Todas sus ideas están muy bien desarrolladas, se sienten maduras y bien cimentadas. También tiene mucho que ver la caracterización, que para esta altura es bestial. Puedo pensar en cualquier situación e imaginar cómo reaccionarían Jesse y Celine. En serio, es mortificante lo reales que se sienten estos personajes; una prueba más de la calidad del guion. Before Midnight es probablemente la más valiente de las tres, pues cambia por completo la dinámica para que sea coherente con la evolución de los protagonistas, pero sin dejar de ser romántica, graciosa y entrañable. Aunque eso lo valoro muchísimo (como dije, es la más arriesgada y probablemente también la más redonda), extraño la dinámica del cortejo de las dos primeras, por eso prefiero Before Sunset por un poco.

1. Before Sunset, de Richard Linklater (2004)

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“Memory is a wonderful thing if you
don’t have to deal with the past.”

Before Sunset es para mí el sweet spot entre la dinámica de personajes que me gusta y la complejidad temática. Before Midnight es una oda al amor real, aun con lo feo que se pueda llegar a poner, mientras que Before Sunset sigue siendo una oda al amor idealizado, pero con una capa muy dura de nostalgia y un dilema desgarrador de si dejar ir el pasado o no. Por eso digo que da justo en mi sweet spot, porque todavía tienes ese ambiente súper romántico de Before Sunrise del que soy fan, pero mucho más aterrizado gracias a estos conflictos que Linklater agrega a la mezcla. Conflictos, cabe mencionar, que obvio van con la evolución natural de los personajes.

Si algo tengo claro es que este es mi cup of tea. El concepto detrás de la trilogía completa me vuela la cabeza. No podría mejorar nada de lo que Linklater hace con cada una. Todas son perfectas a su muy particular manera, compartiendo el mismo espíritu pero siempre trayendo algo diferente a la mesa, cimentado en dos personajes increíblemente bien construidos.

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