Better Call Saul: El arte de hacer una buena precuela

Better Call Saul, la fantástica precuela de Breaking Bad, se pone mejor con cada temporada. Acaba de concluir la tercera y está mejor que nunca. ¿Al nivel de su hermana mayor? Con otras motivaciones y otro discurso completamente diferente, pero tal vez sí. Lo que me parece más sorprendente es justamente eso, que sea una precuela, que sea la hermanita menor de la que probablemente sea la mejor serie de todos los tiempos y aun así evite estar bajo su sombra. ¿Qué hace Better Call Saul que otras precuelas no?

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Este es un tema que da para mucho, pero por lo pronto me voy a concentrar en solo dos aspectos. Tal vez cuando la serie concluya ahonde en más elementos. En este texto, hablaré de los dos más evidentes: los personajes y la hechura de la serie. Eso es lo que clava Better Call Saul, lo que hace la diferencia más grande.

Considero necesario poner un punto de comparación. Hablemos de Clone Wars, por ejemplo. Comete un error súper básico que Better Call Saul tiene controladísimo: pone en peligro a personajes que ya sabemos que sobreviven. Esto es de principiante, en serio. Cada que un episodio de Clone Wars pone en amenaza de muerte a Anakin o a Obi-Wan, los stakes se van al suelo, porque ya conocemos sus destinos. Better Call Saul también tiene personajes de este tipo (empezando por el protagonista, ni más ni menos), pero toma la acertada decisión de no concentrarse en qué va a pasar, sino en cómo va a pasar.

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Vince Gilligan y Peter Gould no solo reconocen que nosotros sabemos el futuro de James McGill, sino que hasta cuentan con ello, juegan con eso. Nos dan escenas contenidas en sí mismas que toman lugar post-Breaking Bad para picarnos el interés y cuando es momento de ir al pasado se concentran en los datos que no conocemos. Sabemos que James sobrevive, pero no sabemos cómo se convierte en Saul Goodman. Esa es la base de la serie y de ahí sacan todas las subtramas. Y como la base es sólida y completamente desconocida para nosotros, todo lo demás que salga de ahí va a funcionar. ¿Cómo sobrevive (o no) a sus problemas legales? ¿Cómo funciona la relación con sus seres queridos? ¿Cómo lidia con esa dualidad entre hacer lo correcto y lograr su cometido sin importar nada más? Todo está conectado a la base, así que trae esa misma intriga como mínimo.

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Better Call Saul también sabe qué preguntas importan más. La relación con sus seres queridos es vital, porque de ahí se desprenden todos los otros personajes. Y Gilligan y Gould se han vuelto unos maestros para desarrollar personajes, hay que decirlo. ¿James McGill/Saul Goodman? Esa dualidad de la que hablé arriba se escribe sola, es un arco irresistible. ¿Kim Wexler? Su cercanía a James es importantísima tanto para él como para ella. No conocemos su destino, así que ahí ya hay intriga inherente. Que sea moralmente inquebrantable la vuelve interesante porque se convierte en el yang de James. Plus, es una fucking badass, fuerte e inteligente. ¿Chuck McGill? El antagonista más constante de la serie y el que tiene más conexión con James; ahí ya hay drama. Lleno de humanidad, gracias a la tristeza que le provoca su soledad (reflejada por un bestial Michael McKean, que da cátedra con una actuación ejemplar). Ese choque entre humanidad y odio lo vuelve atractivo automáticamente como personaje.

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Y así me puedo ir con cada uno, ya sea nuevo o conocido. Todos están pensados desde la cabeza hasta los pies, completándose el uno al otro por medio de comparación, matices y actuaciones. Y sí, aquí es cuando Sebastián dice por decimoquinta vez que los buenos personajes son un pilar importantísimo de cualquier obra narrativa, a tal grado que te pueden elevar una historia con problemas. En Better Call Saul las dos cosas van atadas, como debe ser: una trama interesante que se alimenta de la excelente caracterización.

Pero no para ahí. Una precuela puede tener todo en orden en cuestión de guion, ¿pero qué pasa cuando la realización no está a la altura? Las precuelas de Star Wars no solo son malas porque están mal escritas, sino también porque George Lucas las dirigió en modo automático, con los brazos cruzados. Ah, pero este no es el caso con Better Call Saul. No señor, si Breaking Bad fue la graduación con honores de Gilligan y todos los involucrados, esta serie es su doctorado.

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Me la paso sonriendo mientras veo Better Call Saul. No porque la serie sea graciosa, aunque vaya que lo llega a ser, sino porque me hace feliz ver las decisiones que se toman en la producción. Está dirigida con una mentalidad de dar el 110%. Puedes ver cada encuadre, uno por uno, y no encontrarás ninguno que esté descuidado. La cámara a veces está donde debe estar, a veces está donde ni siquiera pensaste que podía estar. La composición de las tomas está calculada al milímetro, el movimiento de cámara y objetivo es usado con precisión, y los cortes denotan un instinto maestro para la edición. Ni la escena más sencilla está hecha sin esfuerzo. Los directores valoran su cámara y valoran tu tiempo como espectador, y esa es la mejor combinación.

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Solo hace falta ver la última escena de la tercera temporada. Sin spoilers, sin ser específicos, hay que clavarnos un poco. El concepto es simple, pero puede hacerse de muchas maneras. Puedes irte por lo escandaloso, a la Grey’s Anatomy (je), con efectos especiales que solo pueden verse relativamente bien por el presupuesto del episodio, una banda sonora ruidosa y actuaciones grandilocuentes. Pero estamos hablando de Better Call Saul, de un episodio dirigido por Peter Gould, así que sabemos que no se irá por lo obvio, porque lo obvio en estos casos suele ser lo más fácil y rara vez lo mejor. Vámonos por lo sutil.

Gould le da un nombre al episodio que solo hace sentido hasta que comienzas a ver esa última escena, como una forma de prender una alarma en tu cerebro de que este momento es importante. El 95% de la escena es una acción aparentemente intrascendente. Cero música. Se va construyendo una tensión, pero solo por la edición y la mezcla de sonido, no por la acción en sí misma. De pronto, se rompe el patrón en cuestión visual. Un corte interrumpe el patrón de sonido. En un fragmento de la pantalla, disminuyendo de tamaño gracias a un travelling en retroceso, nos damos cuenta de las consecuencias de la escena. Y la imagen se va a negros. Sutil. Impactante. Técnicamente perfecta. Así se hace televisión, carajo.

Aquí la escena, por si quieres ver o recordar a qué me refiero. Mega spoiler alert, obvio.

Eso es Better Call Saul. Es una escena en la que el peso no solo viene del guion, sino también de la realización. Es una serie en la que cada elemento audiovisual es un recurso utilizado para encontrar una forma más efectiva e imaginativa de comunicar una idea. Es una dirección elegante. Es montajes impecables. Es personajes esculpidos con detalle. Better Call Saul se está convirtiendo en una de las mejores precuelas de todos los tiempos y se está ganando su lugar junto a las grandes series de la historia. Si te gustó Breaking Bad, tienes que estar ahí.

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